CEO de Wrightbus: buses eléctricos a batería ganan la batalla, pero el hidrógeno mantiene su oportunidad

El máximo ejecutivo de Wrightbus, uno de los fabricantes de buses más importantes de Europa, reconoce que hoy la demanda se concentra en los buses eléctricos a batería, aunque proyecta que el hidrógeno podría recuperar terreno en aplicaciones de alta exigencia operativa si existen subsidios e infraestructura adecuada.

En una reciente entrevista, el CEO de Wrightbus, Jean‑Marc Gales, entregó una radiografía del mercado de buses de cero emisiones y fue categórico: en el corto plazo, los buses eléctricos a batería han ganado la batalla frente a los modelos impulsados por hidrógeno. La compañía, que comercializa distintas tecnologías de propulsión, observa que la demanda actual se concentra abrumadoramente en soluciones de batería, mientras que el hidrógeno vive un momento de contracción.

Gales explicó que, de los casi 1.200 buses que Wrightbus venderá en 2024, solo alrededor de 80 unidades serán movidas por hidrógeno, una cifra similar a la de buses diésel, lo que deja a los buses eléctricos a batería representando aproximadamente el 85% del negocio de la empresa. Desde 2022 han logrado colocar 300 buses a hidrógeno, pero actualmente no cuentan con nuevos pedidos para esta tecnología en el próximo año, ya que la demanda es “casi exclusivamente eléctrica, con algo de diésel todavía presente”.

El ejecutivo subrayó que el desarrollo del hidrógeno en el transporte público depende fuertemente de las políticas públicas y de los esquemas de apoyo financiero. En el caso de Alemania, la eliminación de subsidios provocó un freno total en los proyectos con buses de hidrógeno, aunque Gales confía en que, con el retorno de los mecanismos de financiación, Wrightbus podría volver a vender este tipo de unidades en ese mercado hacia 2027.

Pese al actual predominio de las baterías, el CEO de Wrightbus sostiene que el hidrógeno sigue siendo una alternativa especialmente adecuada para servicios de alta intensidad operativa, como recorridos entre aeropuertos o ciudades que requieren operación 24/7. En estos casos, los tiempos de recarga de una gran batería, incluso con carga ultrarrápida, pueden resultar incompatibles con la continuidad del servicio, mientras que el repostaje de hidrógeno se realiza en pocos minutos y sin restricciones de espacio para los depósitos en vehículos de gran tamaño, como buses y maquinaria pesada.

Además de su apuesta por tecnologías cero emisiones, Wrightbus ha desarrollado una línea de negocio enfocada en la reconversión de antiguos buses diésel a unidades 100% eléctricas. El proceso se ejecuta en un plazo de tres a cuatro semanas por vehículo, reemplazando completamente el sistema de propulsión e incorporando baterías, y se entrega con una garantía similar a la de un bus nuevo. Según Gales, esta alternativa cuesta menos de la mitad de un bus eléctrico nuevo y permite ahorrar del orden de 40.000 litros de diésel al año por unidad, contribuyendo a reducir costos operativos y emisiones.

El caso de Wrightbus ilustra cómo, a nivel internacional, los buses eléctricos a batería se consolidan como la opción dominante en el corto plazo, mientras que el hidrógeno se perfila como una tecnología complementaria para nichos específicos, fuertemente condicionada por la disponibilidad de infraestructura y apoyo estatal. Esta discusión resulta especialmente relevante para países que avanzan en la descarbonización del transporte público y del transporte interurbano, donde la planificación de inversiones deberá considerar el equilibrio entre ambas soluciones de cero emisiones.